Artrosis: el reto del tratamiento de la discapacidad

Editorial del 02/09/2013

La calidad de vida de un paciente artrósico depende en gran medida de su autonomía, cuestionada por la molestia funcional relacionada con la rigidez de su articulación.

El dolor es la señal de la enfermedad. Es de tipo mecánico, acentuado por el ejercicio y calmado por el reposo. Su intensidad es evaluada por escalas visuales sin que exista relación entre esta intensidad y el grado de degradación articular.

La rigidez articular aparece después de haber evolucionado un poco. Se analiza durante el examen físico del paciente y se confirma por la limitación de los movimientos pasivos de la articulación afectada. Puede ir asociada a un derrame articular, desgarros, deformaciones y movimientos anormales.

La impotencia funcional resulta de la asociación de dolores-rigidez articular. Se evalúa mediante los índices algo-funcionales de Lequesne (rodilla y cadera).
Esta evaluación persigue varios objetivos. En primer lugar, conocer la intensidad del dolor y el grado de molestia funcional. A continuación, vigilar los efectos de las medidas terapéuticas y ver si deben modificarse cuando son insuficientes. Por último, ayudar a tomar una decisión para la implantación de una prótesis (cuando esta eventualidad sea considerada).

La mejoría de la impotencia funcional (y de la calidad de vida) solo puede cambiar con el tratamiento de los 2 componentes (dolor y rigidez articular).
Los medicamentos antálgicos y las medidas no farmacológicas (ejercicios aeróbicos, movilización y refuerzo muscular) tienen como objetivo reducir el dolor y mantener la amplitud articular, indispensable para que el paciente artrósico conserve su autonomía.

Referencia
- LaRhumato Les outils du rhumatologue (Outil Lequesne)

El Comité editorial de Arthrolink