El empeoramiento de la incapacidad indica el momento de recurrir a una prótesis

Edito del 27/02/2014

Se considera la opción de colocar una prótesis (de rodilla o de cadera) cuando la incapacidad relacionada con el dolor y el malestar funcional ya no puede controlarse siguiendo un tratamiento médico.

A medida que evoluciona la artrosis, el nivel de actividad motriz del paciente disminuye indefectiblemente. Este es el caso, cuando el tratamiento médico ya no puede mantener el dolor a un nivel tolerable ni garantizar una movilidad adecuada de la articulación.

En los casos de artrosis de rodilla y de cadera, cuando se trata de considerar con el paciente la posibilidad de colocar una prótesis, el índice funcional de Lequesne (evaluado a partir del dolor, del perímetro de marcha y de las dificultades para realizar determinados actos de la vida cotidiana) es más importante que la intensidad de las destrucciones radiológicas de la articulación.

En muchas ocasiones, la incapacidad experimentada y el índice no se corresponden realmente, dado que el «dolor percibido» parece demasiado intenso en comparación con un índice relativamente bajo. Por este motivo, es conveniente tomar en consideración las necesidades y las expectativas de los pacientes, recurriendo también a escalas de autoapreciación.

El momento de realizar la cirugía preventiva no lo determina la incapacidad del paciente, sino la coexistencia de signos, que indican una artrosis incipiente, y de anomalías anatómicas (displasia de cadera) o de trastornos estáticos (genu varo o genu valgo). La particularidad de este tipo de cirugías es que debe realizarse con una anticipación adecuada (y no dejar pasar el momento), dado que ofrece resultados positivos durante varios años.

El Comité editorial de Arthrolink